21 abr 2012

Cuento: La Máquina de Follar - Charles Bukowski


Hacía mucho calor aquella noche en el Bar de Tony. ni siquiera pensaba...
Hacía mucho calor aquella noche en el Bar de Tony. ni siquiera pensaba en follar. sólo en beber cerveza fresca. Tony nos puso un par para mí y para Mike el Indio, y Mike sacó el dinero. le dejé pagar la primera ronda. Tony lo echó en la caja registradora, aburrido, y miró alrededor... había otros cinco o seis mirando sus cervezas. imbéciles. así que Tony se sentó con nosotros.
-¿Qué hay de nuevo, Tony? -pregunté.
-Es una mierda -dijo Tony.
-No hay nada nuevo.
-Mierda -dijo Tony.
-Ay, mierda -dijo Mike el Indio.
Bebimos las cervezas.

-¿Qué piensas tú de la Luna? -pregunté a Tony.
-Mierda -dijo Tony.
-Sí -dijo Mike el Indio-, el que es un carapijo en la Tierra, es un carapijo en la Luna, qué mas da.
-Dicen que probablemente no haya vida en Marte -comenté.
-¿Y qué coño importa? -preguntó Tony.
-Ay, mierda -dije-. Dos cervezas más.

Tony las trajo, luego volvió a la caja con su dinero. Lo guardó. Volvió.
-Mierda, vaya calor. Me gustaría estar más muerto que los antiguos.
-¿Adónde crees tú que van los hombres cuando mueren, Tony?
-¿Y qué coño importa?
-¿Tú no crees en el Espíritu Humano?
-¡Eso son cuentos!
-¿Y qué piensas del Che, de Juana de Arco, de Billy el Niño, y de todos esos?
-Cuentos, cuentos.

Bebimos las cervezas pensando en esto.

-Bueno -dije-, voy a echar una meada.

Fui al retrete y allí, como siempre, estaba Petey el Búho. La saqué y empecé a mear.

-Vaya polla más pequeña que tienes -me dijo.
-Cuando meo y cuando medito sí. Pero soy lo que tú llamas un tipo elástico. Cuando llega el momento, cada milímetro de ahora se convierte en seis.
-Hombre, eso está muy bien, si es que no me engañas. Porque ahí veo por lo menos cinco centímetros.
-Es sólo el capullo.
-Te doy un dólar si me dejas chupártela.
-No es mucho.
-Eso es más que el capullo. Seguro que no tienes más que eso.
-Vete a la mierda, Petey.
-Ya volverás cuando no te quede dinero para cerveza.

Volví a mi asiento.
-Dos cervezas más- pedí.
Tony hizo la operación habitual. Luego volvió.

-Vaya calor, voy a volverme loco -dijo.
-El calor te hace comprender precisamente cuál es tu verdadero yo -le expliqué a Tony.
-¡Corta ya! ¿me estás llamando loco?
-La mayoría lo estamos. pero permanece en secreto.
-Si, claro, suponiendo que tengas razón en esa chorrada, dime, ¿cuántos hombres cuerdos hay en la tierra? ¿hay alguno?
-Unos cuantos.
-¿Cuántos?
-¿De todos los millones que existen?
-Sí, sí.
-Bueno, yo diría que cinco o seis.
-¿Cinco o seis? -dijo Mike el Indio-. ¡Hombre no jodas!
-¿Cómo sabes que estoy loco? di -dijo Tony-. ¿Cómo podemos funcionar si estamos locos?
-Bueno, dado que estamos todos locos, hay sólo unos cuantos para controlarnos, demasiado pocos, así que nos dejan andar por ahí con nuestras locuras. De momento, es todo lo que pueden hacer. Yo en tiempos creía que los cuerdos podrían encontrar algún sitio donde vivir en el espacio exterior mientras nos destruían. Pero ahora sé que también los locos controlan el espacio.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque ya plantaron la bandera norteamericana en la luna.
-¿Y si los rusos hubieran plantado una bandera rusa en la luna?
-Sería lo mismo -dije.
-¿Entonces tú eres imparcial? -preguntó Tony.
-Soy imparcial con todos los tipos de locura.

Silencio. Seguimos bebiendo. Tony también; empezó a servirse whisky con agua. podía; era el dueño.

-Coño, qué calor hace -dijo Tony.
-Mierda, sí -dijo Mike el Indio. Entonces Tony empezó a hablar.
-Locura -dijo- ¿y si os dijera que ahora mismo está pasando algo de auténtica locura?
-Claro -dije.
-No, no, no... ¡quiero decir AQUI, en mi bar!
-¿Sí?
-Sí. algo tan loco que a veces me da miedo.
-Explícame eso, Tony -dije, siempre dispuesto a escuchar los cuentos de los otros.

Tony se acercó más.
-Conozco a un tío que ha hecho una máquina de follar. No esas chorradas de las revistas de tías, esas cosas que se ven en los anuncios. Botellas de agua caliente con coños de carne de buey cambiables, todas esas chorradas. -este tipo lo ha conseguido de veras. Es un científico alemán, lo cogimos nosotros, quiero decir nuestro gobierno. Antes de que pudieran agarrarlo los rusos. No lo contéis por ahí.
-Claro hombre, no te preocupes...
-Von Brashlitz. El gobierno intentó hacerle trabajar en el ESPACIO. No hubo nada que hacer. Es un tipo muy listo, pero no tiene en la cabeza más que esa MAQUINA DE FOLLAR. Al mismo tiempo, se considera una especie de artista, a veces dice que es Miguel Angel... le dieron una pensión de quinientos dólares al mes para que pudiera seguir lo bastante vivo para no acabar en un manicomio. Anduvieron vigilándole un tiempo, luego se aburrieron o se olvidaron de él, pero seguían mandándole los cheques, y de vez en cuando, una vez al mes o así, iba un agente y hablaba con él diez o veinte minutos, mandaba un informe diciendo que aún seguía loco y listo. Así que él andaba por ahí de un sitio a otro, con su gran baúl rojo hasta que, por fin, una noche, llega aquí y empieza a beber. Me cuenta que es sólo un viejo cansado, que necesita un lugar realmente tranquilo para hacer sus experimentos. Y le escondí aquí. Aquí vienen muchos locos, ya sabéis.
-Si- dije yo.
-Luego, amigos, empezó a beber cada vez más, y acabó contándomelo. Había hecho una mujer mecánica que podía darle a un hombre más gusto que ninguna mujer real de toda la historia... además sin tampax, ni mierdas, ni discusiones.
-Llevo toda la vida buscando una mujer así -dije yo.
Tony se echó a reír.
-Y quién no. Yo creía que estaba chiflado, claro, hasta que una noche después de cerrar subí con él y sacó la MAQUINA DE FOLLAR del baúl rojo.
-¿Y?
-Fue como ir al cielo antes de morir.
-Déjame que imagine el resto -le pedí.
-Imagina.
-Von Brashlitz y su MAQUINA DE FOLLAR están en este momento arriba, en esta misma casa.
-Eso es -dijo Tony.
-¿Cuánto?
-Veinte billetes por sesión.
-¿Veinte billetes por follarse una máquina?
-Ese tipo ha superado a lo que nos creó, fuese lo que fuese. Ya lo verás.
-Petey el Búho me la chupa y me da un dólar.
-Petey el Búho no está mal, pero no es un invento que supere a los dioses.
Le di mis veinte.
-Te advierto, Tony, que si se trata de una chifladura del calor, perderás a tu mejor cliente.
-Como dijiste antes, todos estamos locos de todas formas. Puedes subir.
-De acuerdo -dije.
-Vale -dijo Mike el Indio-. Aquí están mis veinte.
-Os advierto que yo sólo me llevo el cincuenta por ciento. El resto es para von Brashlitz. quinientos de pensión no es mucho con la inflación y los impuestos, y von B. bebe cerveza como un loco.
-De acuerdo -dije-. Ya tienes los cuarenta. ¿Dónde está esa inmortal MAQUINA DE FOLLAR?

Tony levantó una parte del mostrador y dijo:
-Pasad por aquí. Tenéis que subir por la escalera del fondo. Cuando lleguéis llamáis y decís «nos manda Tony».
-¿En cualquier puerta?
-La puerta 69.
-Vale -dije-, ¿qué más?
-Listo -dijo Tony-, preparad las pelotas.

Encontramos la escalera. Subimos.

-Tony es capaz de todo por gastar una broma -dije.
Llegamos. allí estaba: puerta 69.
Llamé:

-Nos manda Tony.
-¡Oh, pasen, pasen, caballeros!


Allí estaba aquel viejo chiflado con aire de palurdo, vaso de cerveza en la mano, gafas de cristal doble, como en las viejas películas. Tenía visita al parecer, una tía joven, casi demasiado, parecía frágil y fuerte al mismo tiempo.
Cruzó las piernas, toda resplandeciente: rodillas de nylon, muslos de nylon, y esa zona pequeña donde terminan las largas medias y empieza justo esa chispa de carne. Era todo culo y tetas, piernas de nylon, risueños ojos de límpido azul...

-Caballeros... mi hija Tanya...
-¿Qué?
-Sí, ya lo sé, soy tan... viejo... pero igual que existe el mito del negro que está siempre empalmado, existe el de los sucios viejos alemanes que no paran de follar. Pueden creer lo que quieran. De todos modos, ésta es mi hija Tanya...
-Hola, muchachos -dijo ella sonriendo.

Luego todos miramos hacia la puerta en que había ese letrero: SALA DE ALMACENAJE DE LA MAQUINA DE FOLLAR.
Terminó su cerveza.

-Bueno... supongo, muchachos, que venís a por el mejor POLVO de todos los tiempos...
-¡Papaíto! -dijo Tanya-. ¿Por qué tienes que ser siempre tan grosero?
Tanya recruzó las piernas, más arriba esta vez, y casi me corro.

Luego, el profesor terminó otra cerveza, se levantó y se acercó a la puerta del letrero SALA DE ALMACENAJE DE LA MAQUINA DE FOLLAR. se volvió y nos sonrió. luego, muy despacio, abrió la puerta. Entró y salió rodando aquel chisme que parecía una cama de hospital con ruedas.
El chisme estaba DESNUDO, una mesa de metal.
El profesor nos plantó aquel maldito traste delante y empezó a tararear una cancioncilla, probablemente algo alemán.
Una masa de metal con aquel agujero en el centro. El profesor tenía una lata de aceite en la mano, la metió en el agujero y empezó a echar sin parar de aquel aceite. Sin dejar de tararear aquella insensata canción alemana.
Y siguió un rato echando aceite hasta que por fin nos miró por encima del hombro y dijo: «bonita, ¿eh?». Luego, volvió a su tarea, a seguir bombeando aceite allí dentro.

Mike el Indio me miró, intentó reírse, dijo:
-Maldita sea... ¡han vuelto a tomarnos el pelo!

-Si -dije yo-, estoy como si llevara cinco años sin echar un polvo, pero tendría que estar loco para meter el pijo en ese montón de chatarra.
Von Brashlitz soltó una carcajada. se acercó al armario de bebidas. Sacó otro quinto de cerveza, se sirvió un buen trago y se sentó frente a nosotros.

-Cuando empezamos a saber en Alemania que estaba perdida la guerra, y empezó a estrecharse el cerco, hasta la batalla final de Berlín, comprendimos que la guerra había tomado un giro nuevo: la auténtica guerra pasó a ser entonces quién agarraba más científicos alemanes. Si Rusia conseguía la mayoría de los científicos o si los conseguía Norteamérica... los que más consiguieran serían los primeros en llegar a la Luna, los primeros en llegar a Marte... los primeros en todo. En fin, el resultado exacto no lo sé... numéricamente o en términos de energía cerebral científica. sólo sé que los norteamericanos me cogieron primero, me agarraron, me metieron en un coche, me dieron un trago, me pusieron una pistola en la sien, hicieron promesas, hablaron y hablaron. yo lo firmé todo...
-Todas esas consideraciones históricas me parecen muy bien -dije yo-. Pero no voy a meter la polla, mi pobrecita polla, en ese cacharro de acero o de lo que sea. Hitler debía ser realmente un loco para confiar en usted. ¡Ojalá le hubieran echado el guante los rusos! ¡yo lo que quiero es que me devuelvan mis veinte dólares!

Von Brashlitz se echó a reír.

-jiii jiii jiii ji... es sólo mi bromita de siempre. jiii jiii jiii ji!
Metió otra vez el cacharro en el cuartito. cerró la puerta.
-¡Ay, ji jiii ji! -bebió otro trago de schnaps. Luego se sirvió más. lo liquidó.

-Caballeros, ¡yo soy un artista y un inventor! mi MAQUINA DE FOLLAR es en realidad mi hija, Tanya...
-¿Más chistecitos, von? -pregunté.
-¡No es ningún chiste! ¡Tanya! ¡Ponte en el regazo de este caballero!

Tanya soltó una carcajada, se levantó, se acercó, y se sentó en mi regazo.

¿Una MAQUINA DE FOLLAR? ¡no podía serlo! su piel era piel, o lo parecía, y su lengua cuando entró en mi boca al besarnos, no era mecánica... cada movimiento era distinto, y respondía a los míos. Me lancé inmediatamente, le arranqué la blusa, le metí mano en las bragas, hacía años que no estaba tan caliente; luego nos enredamos; de algún modo acabamos de pie... y la entré de pie, tirándole de aquel pelo largo y rubio, echándole la cabeza hacia atrás, luego bajando, separándole las nalgas y acariciándole el ojo del culo mientras le atizaba, y se corrió... la sentí estremecerse, palpitar, y me corrí también.
¡Nunca había echado polvo mejor!

Tanya se fue al baño, se limpió y se duchó, y volvió a vestirse para Mike el Indio. Supuse.
-El mayor invento de la especie humana -dijo muy serio von Brashlitz.
Tenía toda la razón.

Por fin Tanya salió y se sentó en mi regazo.

-¡NO! ¡NO! ¡TANYA! ¡AHORA LE TOCA AL OTRO! ¡CON ESE ACABAS DE FOLLAR!
Ella parecía no oír, y era extraño, incluso en una MAQUINA DE FOLLAR, porque yo nunca había sido muy buen amante, la verdad.

-¿Me amas? -preguntó.
-Si.
-Te amo, y soy muy feliz. y... teóricamente no estoy viva. Ya lo sabes, ¿verdad?
-Te amo, Tanya, eso es lo único que sé.
-¡Cago en tal! -chilló el viejo-. ¡Esta JODIDA MAQUINA!

Se acercó a la caja barnizada en que estaba escrita la palabra TANYA a un lado. Salían unos pequeños cables; había marcadores y agujas que temblequeaban, y varios indicadores, luces que se apagaban y se encendían, chismes que tictaqueaban... von B. era el macarra más loco que había visto en mi vida. Empezó a hurgar en los marcadores, luego miró a Tanya:

-¡25 AÑOS! ¡toda una vida casi para construirte! ¡Tuve que esconderte incluso de HITLER! y ahora... ¡pretendes convertirte en una simple y vulgar puta!
-No tengo veinticinco -dijo Tanya-. -Tengo veinticuatro.
-¿Lo ves? ¿lo ves? ¡como una zorra normal y corriente!

Volvió a sus marcadores.

-Te has puesto un carmín distinto -dije a Tanya.
-¿Te gusta?
-¡Oh, sí!
Se inclinó y me besó.

Von B. seguía con sus marcadores. Tenía el presentimiento de que ganaría él.
Von Brashlitz se volvió a Mike el Indio:
-No se preocupe, confíe en mí, no es más que una pequeña avería. Lo arreglaré en un momento.
-Eso espero -dijo Mike el Indio-. Se me ha puesto en treinta y cinco centímetros esperando y he pagado veinte dólares.
-Te amo -me dijo Tanya-. No volveré a follar con ningún otro hombre. Si puedo tenerte a ti, no quiero a nadie más.
-Te perdonaré Tanya, hagas lo que hagas.

El profe estaba corridísimo. Seguía con los cables pero nada lograba.

-¡TANYA! ¡AHORA TE TOCA FOLLAR CON EL OTRO! estoy... cansándome ya... tengo que echar otro traguito de aguardiente... dormir un poco... Tanya...
-oh -dijo Tanya- ¡este jodido viejo! ¡tú y tus traguitos, y luego te pasas la noche mordisqueándome las tetas y no puedo dormir! ¡ni siquiera eres capaz de conseguir un empalme decente! ¡eres asqueroso!
-¿COMO?
-¡DIJE «QUE NI SIQUIERA ERES CAPAZ DE CONSEGUIR UN EMPALME DECENTE»!
-¡Esto lo pagarás Tanya! ¡Eres creación mía, no yo creación tuya!

Seguía hurgando en sus mágicos marcadores. Quiero decir, en la máquina. Estaba fuera de sí, pero se veía claramente que la rabia le daba una clarividencia que le hacía superarse.

-Es sólo un momento, caballero -dijo dirigiéndose a Mike-. ¡Sólo tengo que ajustar los cuadros electrónicos! ¡un momento! ¡vale! ¡ya está!
Entonces se levantó de un salto. aquel tipo al que habían salvado de los rusos.
Miró a Mike el Indio.
-¡Ya está arreglado! ¡La máquina está en orden! ¡a divertirse caballero!
Lluego, se acercó a su botella de aguardiente, se sirvió otro pelotazo y se sentó a observar.

Tanya se levantó de mi regazo y se acercó a Mike el Indio. vi que Tanya y Mike el Indio se abrazaban.
Tanya le bajó la cremallera. Le sacó la polla, ¡menuda polla tenía el tío! había dicho treinta y cinco centímetros, pero parecían por lo menos cincuenta.
Luego Tanya rodeó con las manos la polla de Mike. El gemía de gozo.
Luego la arrancó de cuajo. La tiró a un lado.
Vi el chisme rodar por la alfombra como una disparatada salchicha, dejando tristes regueruelos de sangre. Fue a dar contra la pared. Allí se quedó como algo con cabeza pero sin piernas y sin lugar alguno a donde ir... lo cual era bastante cierto.

Luego, allá fueron las BOLAS volando por el aire. una visión saltarina y pesada. simplemente aterrizaron en el centro de la alfombra y no supieron qué hacer más que sangrar. Así que sangraron.
Von Brashlitz, el héroe de la invasión rusonorteamericana, miró ásperamente lo que quedaba de Mike el Indio, mi viejo camarada de sople, rojo rojo allá en el suelo, manando por su centro... von B. se dio el piro, escaleras abajo...
La habitación 69 había hecho de todo salvo aquello.

Luego le pregunté a ella:

-Tanya, habrá problemas aquí muy pronto. ¿Por qué no dedicamos el número de la habitación a nuestro amor?
-¡Como quieras, amor mío!
Lo hicimos, justo a tiempo; y luego entraron aquellos idiotas.
Uno de aquellos enterados declaró entonces muerto a Mike el Indio.

Y como von B. era una especie de producto del gobierno norteamericano, en seguida se llenó aquello de gente, varios funcionarios de mierda de diversos tipos, bomberos, periodistas, la pasma, el inventor, la CIA, el FBI y otras diversas formas de basura humana.

Tanya vino y se sentó en mi regazo.
-Ahora me matarán. Procura no entristecerte, por favor.
No contesté.

Luego von Brashlitz se puso a chillar, apuntando a Tanya:

-¡SE LO ASEGURO, CABALLEROS, ELLA NO TIENE NINGUN SENTIMIENTO! ¡CONSEGUI QUE HITLER NO LA AGARRASE! ¡Se lo aseguro, no es más que una MAQUINA!
Todos se limitaron a quedarse allí mirándole. nadie le creía.
Era ni más ni menos la máquina más bella, la mujer por así decirlo, que habían visto en su vida.

-¡Maldita sea! ¡majaderos! Toda mujer es una máquina de follar, ¿es que no se dan cuenta? ¡Apuestan al mejor caballo! ¡EL AMOR NO EXISTE! ¡ES UN ESPEJISMO DE CUENTO DE HADAS COMO LOS REYES MAGOS!

Aun así no le creían.

-¡ESTO es sólo una máquina! ¡no tengan ningún MIEDO! ¡MIREN!
Von Brashlitz agarró uno de los brazos de Tanya.Lo arrancó de cuajo del cuerpo.
Y dentro, dentro del agujero del hombro, se veía claramente, no había más que cables y tubos, cosas enroscadas y entrelazadas, además de cierta sustancia secundaria que recordaba vagamente la sangre.

Y yo vi a Tanya allí de pie con aquellos alambres enroscados colgándole del hombro donde antes tenía el brazo. me miró:

-¡Por favor, hazlo por mí! recuerda que te pedí que no te pusieras triste.
Vi como se echaban sobre ella, como la destrozaban y la violaban y la mutilaban. No pude evitarlo. apoyé la cabeza en las rodillas y me eché a llorar...

Mike el Indio nunca llegó a cobrarse sus veinte dólares.

Pasaron unos meses.No volví al bar. Hubo juicio, pero el gobierno eximió de toda culpa a von B. y a su máquina. Me trasladé a otra ciudad. lejos. Y un día estaba sentado en la peluquería y cogí una revista pornográfica. había un anuncio:
«¡Hinche su propia muñequita! veintinueve dólares noventa y cinco. Goma resistente, muy duradera. Cadenas y látigos incluidos en el lote. Un bikini, sostén, bragas, dos pelucas, barra de labios y un tarrito de poción de amor incluidos. Von Brashlitz Co.».
Envié un pedido. a un apartado de Massachusetts. también él se había trasladado.
El paquete llegó al cabo de unas tres semanas. fue bastante embarazoso porque yo no tenía bomba de bicicleta, y me puse muy caliente cuando saqué todo aquello del paquete. tuve que bajar a la gasolinera de la esquina y utilizar la bomba de aire.

Hinchada tenía mejor pinta. grandes tetas, un culo. inmenso.

-¿Qué es eso que tiene ahí, amigo? -me preguntó el de la gasolinera.
-Oiga, oiga, yo le he pedido prestado un poco de aire. Soy un buen cliente, ¿no?
-Bueno, bueno, puede coger el aire. Pero es que no puedo evitar la curiosidad... ¿qué tiene ahí?
-¡Vamos, déjeme en paz! -dije.
-¡DIOS MIO! ¡qué TETAS! ¡mire, mire!
-¡Ya las veo, imbécil!
Le dejé con la lengua fuera, me eché el chisme al hombro y volví a casa. me metí en el dormitorio.
Aún estaba por plantearse la gran cuestión...
Abrí las piernas buscando algún tipo de abertura. Von B. no lo había hecho mal del todo.

Me eché encima y empecé a besar aquella boca de goma. de cuando en cuando echaba mano a una de las gigantescas tetas de goma y la chupaba. Le había puesto una peluca amarilla y me había frotado con la poción de amor toda la polla. No hizo falta mucha poción de amor, con la del tarro habría para un año. La besé apasionadamente detrás de las orejas, le metí el dedo en el culo y le di sin parar. Luego la dejé, di un salto, le encadené los brazos a la espalda, con el candadito y la llave, y le azoté el culo de lo lindo con los látigos.
¡Dios mío, voy a volverme loco! pensé.
Después de azotarla bien, volví a metérsela. follé y follé. Era más bien aburrido, la verdad. Imaginé perros follando con gatas; imaginé dos personas follando en el aire mientras caían de un rascacielos. Imaginé un coño grande como un pulpo, reptando hacia mí, apestoso, anhelante de orgasmo. Recordé todas las bragas, rodillas, piernas, tetas y coños que había visto. La goma sudaba; yo sudaba.

-¡Te amo, querida! -susurré jadeante en sus oídos de goma.

Me fastidia admitirlo, pero me obligué a eyacular en aquella sarnosa masa de goma. No se parecía en nada a Tanya. Cogí una navaja de afeitar y destrocé el artefacto. Lo tiré donde las latas vacías de cerveza.
¿Cuántos hombres compran esos chismes absurdos en Norteamérica?
¿No pasas ante medio centenar de máquinas de joder si das una vuelta por cualquier calle céntrica de una gran ciudad de Norteamérica? con la única diferencia de que éstas pretenden ser mujeres.

Pobre Mike el Indio, con su polla muerta de cincuenta centímetros.
Todos los pobres mikes. Todos los que escalan el Espacio. Todas las putas de Vietnam y Washington.
Pobre Tanya, con su vientre que había sido el vientre de un cerdo. Sus venas que habían sido las venas de un perro. Apenas cagaba o meaba, follar, sólo follaba (corazón, voz y lengua prestados por otros). Por entonces, sólo debían haber hecho unos diecisiete transplantes de órganos. Von B. iba muy por delante de todos.
Pobre Tanya, qué poco había comido la pobre... básicamente queso barato y uvas pasas. Nunca había deseado dinero ni propiedades ni grandes coches nuevos, ni casas supercaras. Jamás había leído el diario de la tarde. No deseaba en absoluto una televisión en color, ni sombreros nuevos, ni botas de lluvia, ni charlas de patio con mujeres idiotas; jamás había querido un marido médico, o corredor de bolsa, o miembro del Congreso o policía.

Y el tipo de la gasolinera sigue preguntándome:

-Oiga, ¿qué fue de aquello que trajo a hinchar aquel día?

Pero ya no me lo preguntará más. Voy a echar gasolina en otro sitio. Y no volveré tampoco a la barbería donde vi la revista del anuncio de la muñeca de goma de Von B. voy a intentar olvidarlo todo.

6 mar 2012

Cumpleaños de Gabriel García Márquez -> Cuento: El avión de la Bella durmiente

Con motivo del cumpleaños del Colombiano premio nobel de literatura Gabriel García Márquez, quiero compartir con ustedes este cuento corto, espero lo disfruten.


 

El avión de la Bella Durmiente.

Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesiá que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. “Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida”, pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. Fue una aparición sobrenatural que existió sólo un instante y, desapareció en la muchedumbre del vestíbulo.

Eran las nueve de la mañana. Estaba nevando desde la noche anterior, y el tránsito era más denso que de costumbre en las calles de la ciudad, y más lento aún en la autopista, y había camiones de carga alineados a la orilla, y automóviles humeantes en la nieve. En el vestíbulo del aeropuerto, en cambio, la vida seguía en primavera.

Yo estaba en la fila de registro detrás de una anciana holandesa que demoró casi una hora discutiendo el peso de sus once maletas. Empezaba a aburrirme cuando vi la aparición instantánea que me dejó sin aliento, así que no supe cómo terminó el altercado, hasta que la empleada me bajó de las nubes con un reproche por mi distracción. A modo de disculpa le pregunté si creía en los amores a primera vista. “Claro que sí”, me dijo. “Los imposibles son los otros”. Siguió con la vista fija en la pantalla,de la computadora, y me preguntó qué asiento prefería: fumar o no fumar.

—Me da lo mismo —le dije con toda intención—, siempre que no sea al lado de las once maletas.

Ella lo agradeció con una sonrisa comercial sin apartar la vista de la pantalla fosforescente.

—Escoja un número —me dijo—: tres, cuatro o siete.

—Cuatro.

Su sonrisa tuvo un destello triunfal.

—En quince años que llevo aquí —dijo—, es el primero que no escoge el siete.

Marcó en la tarjeta de embarque el número del asiento y me la entregó con el resto de mis papeles, mirándome por primera vez con unos ojos color de uva que me sirvieron de consuelo mientras volvía a ver la bella. Sólo entonces me advirtió que el aeropuerto acababa de cerrarse y todos los vuelos estaban diferidos.

—¿Hasta cuándo?
—Hasta que Dios quiera —dijo con su sonrisa. La radio anunció esta mañana que será la nevada más grande del año.

Se equivocó: fue la más grande del siglo. Pero en la sala de espera de la primera clase la primavera era tan real que había rosas vivas en los floreros y hasta la música enlatada parecía tan sublime y sedante como lo pretendían sus creadores. De pronto se me ocurrió que aquel era un refugio adecuado para la bella, y la busqué en los otros salones, estremecido por mi propia audacia. Pero la mayoría eran hombres de la vida real que leían periódicos en inglés mientras sus mujeres pensaban en otros, contemplando los aviones muertos en la nieve a través de las vidrieras panorámicas, contemplando las fábricas glaciales, los vastos sementeras de Roissy devastados por los leones. Después del mediodía no había un espacio disponible, y el calor se había vuelto tan insoportable que escapé para respirar.

Afuera encontré un espectáculo sobrecogedor. Gentes de toda ley habían desbordado las salas de espera, y estaban acampadas en los corredores sofocantes, y aun en las escaleras, tendidas por los suelos con sus animales y sus niños, y sus enseres de viaje. Pues también la comunicación con la ciudad estaba interrumpida, y el palacio de plástico, transparente parecía una inmensa cápsula espacial varada en la tormenta. No pude evitar la idea de que también la bella debía estar en algún lugar en medio de aquellas hordas mansas, y esa fantasía me infundió nuevos ánimos para esperar.

A la hora del almuerzo habíamos asumido nuestra conciencia de náufragos. Las colas se hicieron interminables frente a los siete restaurantes, las cafeterías, los bares atestados, y en menos de tres horas tuvieron que cerrarlos porque no había nada qué comer ni beber. Los niños, que por un momento parecían ser todos los del mundo, se pusieron a llorar al mismo tiempo, y empezó a levantarse de la muchedumbre un olor de rebaño. Era el tiempo de los instintos. Lo único que alcancé a comer en medio de la rebatiña fueron los dos últimos vasos de helado de crema en una tienda infantil. Me los tomé poco a poco en el mostrador, mientras los camareros ponían las sillas sobre las mesas a medida que se desocupaban, y viéndome a mí mismo en el espejo del fondo, con el último vasito de cartón y la última cucharita de cartón, y pensando en la bella.

El vuelo de Nueva York, previsto para las once de la mañana, salió a las ocho de la noche. Cuando por fin logré embarcar, los pasajeros de la primera clase estaban ya en su sitio, y una azafata me condujo al mío. Me quedé sin aliento. En la poltrona vecina, junto a la ventanilla, la bella estaba tomando posesión de su espacio con el dominio de los viajeros expertos. “Si alguna vez escribiera esto, nadie me lo creería”, pensé. Y apenas si intenté en mi media lengua un saludo indeciso que ella no percibió.

Se instaló como para vivir muchos años, poniendo cada cosa en su sitio y en su orden, hasta que el lugar quedó tan bien dispuesto como la casa ideal donde todo estaba al alcance de la mano. Mientras lo hacía, el sobrecargo nos llevó la champaña de bienvenida. Cogí una copa para ofrecérsela a ella, pero me arrepentí a tiempo. Pues sólo quiso un vaso de agua, y le pidió al sobrecargo, primero en un francés inaccesible y luego en un inglés apenas más fácil, que no la despertara por ningún motivo durante el vuelo. Su voz grave y tibia arrastraba una tristeza oriental.

Cuando le llevaron el agua, abrió sobre las rodillas un cofre de tocador con esquinas de cobre, como los baúles de las abuelas, y sacó dos pastillas doradas de un estuche donde llevaba otras de colores diversos. Hacía todo de un modo metódico y parsimonioso, como si no hubiera nada que no estuviera previsto para ella desde su nacimiento. Por último bajó la cortina de la ventana, extendió la poltrona al máximo, se cubrió con la manta hasta la cintura sin quitarse los zapatos, se puso el antifaz de dormir, se acostó de medio lado en la poltrona, de espaldas a mí, y durmió sin una sola pausa, sin un suspiro, sin un cambio mínimo de posición, durante las ocho horas eternas y los doce minutos de sobra que duró el vuelo a Nueva York.

Fue un viaje intenso. Siempre he creído que no hay nada más hermoso en la naturaleza que una mujer hermosa, de modo que me fue imposible escapar ni un instante al hechizo de aquella criatura de fábula que dormía a mi lado. El sobrecargo había desaparecido tan pronto como despegamos, y fue reemplazado por una azafata cartesiano que trató de despertar a la bella para darle el estuche de tocador y los auriculares para la música. Le repetí la advertencia que ella le había hecho al sobrecargo, pero la azafata insistió para oír de ella misma que tampoco quería cenar. Tuvo que confirmárselo el sobrecargo, v aun así me reprendió porque la bella no se hubiera colgado en el cuello el cartoncito con la orden de no despertarla.

Hice una cena solitaria, diciéndome en silencio lo que le hubiera dicho a ella si hubiera estado despierta. Su sueño era tan estable, que en cierto momento tuve la inquietud de que las pastillas que se había tomado no fueran para dormir sino para morir. Antes de cada trago, levantaba la copa y brindaba.
—A tu salud, bella.

Terminada la cena apagaron las luces, dieron la película para nadie, y los dos quedamos solos en la penumbra del mundo. La tormenta más grande del siglo había pasado, y la noche del Atlántico era inmensa y limpida, y el avión parecía inmóvil entre las estrellas. Entonces la contemplé palmo a palmo durante varias horas, y la única señal de vida que pude percibir fueron las sombras de los sueños que pasaban por su frente como las nubes en el agua. Tenía en el cuello una cadena tan fina que era casi invisible sobre su piel de oro, las orejas perfectas sin puntadas para los aretes, las uñas rosadas de la buena salud, y un anillo liso en la mano izquierda. Como no parecía tener más de veinte años me consolé con la idea de que no fuera un anillo de bodas sino el de un noviazgo efímero. “Saber que duermes tú, cierta, segura, cauce fiel de abandono, línea pura, tan cerca de mis brazos maniatados”, pensé, repitiendo en la cresta de espúmas,de champaña el soneto magistral de Gerardo Diego. Luego extendí la poltrona a la altura de la suya, y quedamos acostados más cerca que en una cama matrimonial. El clima de su respiración era el mismo de la voz, y su piel exhalaba un hálito tenue que sólo podía ser el olor propio de su belleza. Me parecía increíble: en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunarl Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas de la ciudad, desnudas y narcotizadas, mientras ellos agonizaban de amor en la misma cama. No podían despertarlas, ni tocarlas, y ni siquiera lo intentaban, porque la esencia de¡ placer era verlas dormir. Aquella noche, velando el sueño de la bella, no sólo entendí aquel refinamiento senil, sino que lo viví a plenitud.

—Quién iba a creerlo —me dije, con el amor propio exacerbado por la champaña—: Yo, anciano japonés a estas alturas.

Creo que dormí varias horas, vencido por la champaña y los fogonazos mudos de la película, Y desperté con la cabeza agrietada. Fui al baño. Dos lugares detrás del mío yacía la anciana de las once maletas despatarrada de mala manera en la poltrona. Parecía un muerto olvidado en el campo de batalla. En el suelo, a mitad del pasillo, estaban sus lentes de leer con el collar de cuentas de colores, y por un instante disfruté de la dicha mezquina de no recogerlos.

Después de desahogarme de los excesos de champaña me sorprendí a mí mismo en el espejo, indigno y feo, y me asombré de que fueran tan terribles los estragos del amor. De pronto el avión se fue a pique, se enderezó como pudo, y prosiguió volando al galope. La orden de volver al asiento se encendió. Salí en estampida, con la ilusión de que sólo las turbulencias de Dios despertaran a la bella, y que tuviera que refugiarse en mis brazos huyendo del terror. En la prisa estuve a punto de pisar los lentes de la holandesa, y me hubiera alegrado. Pero volví sobre mis pasos, los recogí, y se los puse en el regazo, agradecido de pronto de que no hubiera escogido antes que yo el asiento número cuatro.

El sueño de la bella era invencible. Cuando el avión se estabilizó, tuve que resistir la tentación de sacudirla con cualquier pretexto, porque lo único que deseaba en aquella última hora de vuelo era verla despierta, aunque fuera enfurecida, para que yo pudiera recobrar mi libertad, y tal vez mi juventud. Pero no fui capaz. “Carajo”, me dije, con un gran desprecio. “¡Por qué no nací Tauro!”.

Despertó sin ayuda en el instante en que se encendieron los anuncios del aterrizaje, y estaba tan bella y lozana como si hubiera dormido en un rosal. Sólo entonces caí en la cuenta de que los vecinos de asiento en los aviones, igual que los matrimonios viejos, no se dan los buenos días al despertar. Tampoco ella. Se quitó el antifaz, abrió los ojos radiantes, enderezó la poltrona, tiró a un lado la manta, se sacudió las crines que se peinaban solas con su propio peso, volvió a ponerse el cofre en las rodillas, y se hizo un maquillaje rápido y superfluo, que le alcanzó justo para no mirarme hasta que la puerta se abrió. Entonces se puso la chaqueta de lince, pasó casi por encima de mí con una disculpa convencional en castellano puro de las Américas, y se fue sin despedirse siquiera, sin agradecerme al menos lo mucho que hice por nuestra noche feliz, y desapareció hasta el sol de hoy en la amazonia de Nueva York.

Junio 1982.

FIN

2 mar 2012

Banda de turistas - El rogadero




Marrano por cuotas

Cuando marranobomba despertó, le faltaban 250grs de tocino y 500grs de chuleta.


Imagen tomada del twitter de @meich.

7 feb 2012

Instrucciones para llorar - Julio Cortázar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará  con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.



22 sept 2011

Si los problemas con los computadores fueran reales…


Está en inglés pero los problemas básicos de los usuarios son iguales en todas partes del mundo y en todos los idiomas, así que no hay problema en entenderlo…

10 ago 2011

Un punto azul pálido

Un punto azul pálido es una fotografía de la Tierra tomada por la nave espacial Voyager 1 a una distancia de 6.000 millones de kilómetros.


Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.



"Comentarios de Carl Sagan sobre esa histórica foto, que aparecen como colofón de la serie Cosmos"

29 jul 2011

10 Estrategias de Manipulación Mediática

Por Noam Chomsky


1. La estrategia de la distracción: El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad: Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir: Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad: La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión: Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad: Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad: Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad: Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen: En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
 

14 jul 2011

Elogio del desequilibrio por Francisco José Ortiz (Articulo en la revista el Malpensante)


"Al contrario de lo que suponen las teologías perezosas, la energía de la vida proviene del desequilibrio, la creatividad del error, el arte del caos. En términos evolutivos la cucaracha es más perfecta que el hombre"


Nunca he confiado en los ascetas, monjes, anacoretas, místicos o cualquiera que se recluya por fuera de este mundo a intentar la perfección, la iluminación, la santidad. Hay algo sospechoso en sus maneras, en su velocidad; sus atuendos denotan cierta tranquilidad parecida a la indiferencia. No sé si por las mismas razones nunca he podido imaginar a un Dios inmortal y perfecto. ¿Acaso una eternidad impoluta no equivale a un aburrimiento interminable? Al saberse inmortal, ¿no se convirtió Homero en troglodita?
Más allá de estas cuestiones metafísicas, valdría la pena preguntarse cuáles han sido las secuelas culturales e ideológicas producidas por la concepción de una divinidad perfecta que es capaz de producir un mundo imperfecto.
¿Tendrá esto algo que ver con la esquizofrenia y la hipocresía que proliferan en nuestras sociedades? Me viene a la memoria una frase de Schiller: “Cuando los dioses eran más humanos, los humanos eran más divinos”.
 
Enfrentados al aburrimiento de Dios, cabe preguntarnos si podríamos hacer una “antología” o “elogio del error”, una reivindicación de los segundos y terceros lugares, un triunfo del desequilibrio.
 
El problema no es que la perfección sea inalcanzable —es posible lograr una “perfección formal”. Ejemplo de esto son teoremas matemáticos, enunciados lógicos, sonatas para piano, algunas manifestaciones de las artes plásticas y literarias: todos ellos universos que perduran por su forma, por su técnica, por su belleza, no por lo que nos puedan enseñar sobre la realidad.
 
Dice Bertrand Russell que el escepticismo es el único sistema filosóficamente perfecto, el único que, en vez de intentar una explicación del universo, exhibe argumentos sobre la imposibilidad de conocer, o al menos sobre la imposibilidad de un conocimiento no subjetivo de la realidad. Bástenos citar a Kant: “No es posible conocer la cosa en sí, sólo la cosa para mí”. Dicho esto, ninguna afirmación sobre la realidad puede formularse sin caer en un error. El conocimiento, lo que llamamos conocimiento, sólo puede existir en el error. Un error que vale la pena cometer.
 
La educación debería estar menos enfocada en transmitir conocimientos rígidos, modelos que funcionan en condiciones ideales, propiedades algebraicas, versiones estereotipadas de la historia, y en vez de eso debería ayudarnos a desarrollar una actitud crítica, a estimular la imaginación y la intuición, debería mostrarnos lo infinitamente compleja que es cualquier realidad humana, cualquier sociedad, cualquier organización.
 
En sus Cartas a un joven poeta, Rainer Maria Rilke recomienda buscar siempre lo más difícil, “porque ahí se encuentra todo lo viviente”. El arte nunca nace de la plenitud, nace, en cambio, de una cierta tensión del vacío y como una forma de resolver esa tensión, no anulándola, sino ofreciéndole un cuerpo y un alma, que es el objeto artístico.
 
Incluso podríamos decir lo mismo de la historia: es sobre todo en los períodos de guerra cuando se producen saltos en el desarrollo tecnológico y en la evolución social de las naciones.
 
El movimiento nace del desequilibrio. La vida nace del desequilibrio, de la diferencia de potenciales químicos, eléctricos, gravitatorios. La supuesta “muerte térmica” del universo ocurre cuando toda la energía se encuentra en un equilibrio inmóvil, tibio y eterno.
 
Una amiga cristiana se declaró antidarwiniana cuando le dije que nosotros éramos producto de un error genético. Las cucarachas son animales primitivos porque están tan bien diseñadas, son tan adaptables, que nunca tuvieron que evolucionar. El error es la quintaesencia del universo. La inteligencia sólo puede desarrollarse en la dificultad. Es así como nosotros nos definimos sobre todo por nuestras carencias y necesidades, por lo que no tenemos, por lo que no podemos alcanzar: “El hombre no se enamora de lo que ve, sino de lo que sueña”.
 
Por eso durante algunas tardes, cuando la ciudad, por unos segundos, parece intentar una siesta, imagino a un Dios equivocado e impotente, abatido por el destino de esta humanidad. Yo me recuesto en silencio, y me siento capaz de perdonarlo. Sólo un mundo disparatado produce vanguardias, teorías filosóficas, jóvenes idealistas, soñadores sin tregua. Si bien aceptar el mundo tal y como es resulta una proposición inmoral, lo cierto es que la vida en un paraíso terrenal equivaldría a una felicidad animal: inconsciente y vacua.

29 jun 2011

IMS - Soy Sauce 2009

IMS son las siglas de Instituto Mexicano del Sonido, un proyecto que inició Camilo Lara, y al que se incorporó Oliver Castro, ambos mejicanos, aunque es un proyecto del primero. Su música es una fusión de música popular, sobre todo folklore latinoamericano, y electrónica, es decir, trip-hop con sabor a salsa, pop latino en clave house... Música elegre, ideal para animar fiestas, pero tan imaginativa que se puede escuchar activamente sin llegar nunca a cansarse. Es también, por supuesto, una propuesta imprescindible para los amantes de la electrónica más exótica, del floklore reinterpretado en clave de música de club, es decir, para los interesados en lo electro-latino. Pero, incluso si todas estas etiquetas te dejan del todo indiferente, IMS logrará seducirte, especialmente si estás abierto a la música que no parece tomarse en serio a sí misma, que incorpora humor y que, y esto es lo más importante, tiene la cualidad de sonar diferente a todo lo que se ha escuchado antes.

click en la imagen<<

Camilo Lara y Oliver Castro trabajan en oficinas durante el día, pero cuando acaba la jornada laboral, se divierten produciendo electrónica, con la ayuda de imaginación, un ordenador y una profusa colección de vinilos con mucha, mucha música popular. Su primer trabajo, Mejico Maxico, editado a finales del 2005 por Lovemonk, ha sido un éxito de crítica en todo el mundo, llegando incluso a figurar en más de una lista estadounidense de lo mejor del año en materia electrónica, y merecidamente. Sin duda, es uno de esos discos que Acid Jazz Hispano no duda en recomendar. Para terminar, copio y pego un párrafo que se puede leer en la biografía publicada en la web del sello Lovemonk, a propósito de Camilo Lara: “No es Camilo ningún avezado informático que tiene su ordenador destripado y maximizado, de hecho es más bien torpe con él, y su pantalla está llena de huellas de sus dedos, con los que mide los compases… pero con estas herramientas y un vasto concimiento de la música popular de los últimos sesenta años ha logrado hacer su primer disco”. En Noviembre del 2007 llega a las tiendas su segundo álbum, Piñata. A principios del 2009, el sello El Volcán presenta su tercer trabajo de estudio, Soy Sauce. (Fuente: http://lnx.indajaus.com/acidjazzhispano/content-847.html)

Aquí les dejo el videito de una canción del álbum que pueden bajar dandole clic arriba en la portada, se los recomiendo esta bien sabroson.

15 jun 2011

Cotejos: Original Vs Cover - Ahí les dejo pa que juzguen cual les parece mejor.

Esta vez quiero compartir con ustedes una muy buena canción clásica, al menos para mí. Se trata de "Miss you" escrita por Mick Jagger líder de la banda inglesa Rolling stones que salió en su álbum Some Girls el 9 de junio de 1978, el cual trepó directamente hasta la cima de las carteleras mundiales y se convirtió hasta la fecha en su álbum más vendido en Estados Unidos y el resto del mundo al rebasar las 10 millones de unidades.



Y por otro lado está la versión de la misma canción de Mirwais Ahmadzaï más conocido como Mirwais, un productor discográfico y compositor suizo, radicado en París, y uno de los principales exponentes de la música progressive francesa. Formó parte del disuelto grupo Taxi Girl en los años 1980. Fue re-descubierto por Madonna a fines de los 1990 cuando él envió un demo a su entonces sello discográfico Maverick Records.




Ahí les dejo pa que juzguen cual les parece mejor,  a mí personalmente ambas me parecen muy buenas, siento la misma canción de fondo pero tan distintas.

Espero las disfruten.

8 jun 2011

"Cinemagraphs"

El concepto de GIFs animados es tan antiguo como el Internet, justo cuando se creia que ya no se puede hacer nada ingenioso referente a este tema, el fotógrafo Jamie Beck en colaboración con Kevin Burg, un diseñador web con experiencia en gráficos de video y animación, crean una serie de magníficos GIF animados de nombre “cinemagraphs“.

Sólo juzguen ustedes, a mi personalmente me parecen excelentes.

El resultado final es único, Aunque no todo se mueve, cada gesto está fijado en el tiempo, los pequeños detalles están más allá de la quietud.

5 jun 2011

La bliblia del caos - Millor Fernandes



Milton Viola Fernandes, más conocido como Millôr Fernandes, es uno de los escritores y humoristas más famosos e influyentes del Brasil. Nacido a mediados de los años 20, Millôr colabora desde hace setenta años con diversos medios periodísticos y también se ha desempeñado como autor teatral e ilustrador.

En 1956 obtuvo el primer premio (compartido con el norteamericano Saul Steinberg) en una muestra internacional de caricatura, celebrada en Buenos Aires . En 1969 se conviritió en uno de los fundadores del diario O Pasquim.

Entre sus muchísimos libros pueden mencionarse: Lições de um ignorante (1963), Fábulas Fabulosas (1964), Novas fábulas fabulosas (1978) y el magnífico A bíblia do caos (1994), al que corresponden algunos de estos aforismos, seleccionados y traducidos por Mario Jursich Durán, en marzo de 2005, para la revista colombiana El malpensante.

- Algo a favor del alcoholismo: nunca vi a cien mil borrachos de un país que quisieran acabar con cien mil borrachos de otro país.

-  “Aborigen” es la manera peyorativa con que los conquistadores se refieren al dueño de la propiedad.

- Academicismo: ¿por qué el baile no es hablado?

- Morir, por ejemplo, es una cosa que siempre se debe dejar para después.

- Adulterio: ruptura de contrato vitalicio, civil y religioso, con sustitución del socio sin aviso previo (Eufemismos)

- Afinidad: Cuando dos personas odian a la misma persona, tienen la impresión de que se estiman

- Toda alegría es así: ya viene envuelta en el fino papel de una tristecita.

- Es indiscutible que a los veinte años todos somos tremendos idiotas. Como también es indiscutible que, con el paso del tiempo, nos transformaremos en idiotas mucho más viejos.

- Es fácil para la gente conformarse con lo que tiene. Lo difícil es conformarse con lo que no tiene.

- Si Dios me da fuerza y salud, pienso probar que no existe

- Eterno en el amor tiene el mismo sentido que permanente en el pelo.

- Pues sí, nací con talento melódico en una época en que el personal sólo se interesaba por la percusión.

- Analista es un sujeto que, partiendo de premisas falsas, consigue llegar a conclusiones perfectamente equivocadas.

- Anatomía es esa cosa que los hombres también tienen, pero que en las mujeres queda mucho mejor.

- El mayor anticonceptivo es el mal aliento

- A la hora del hambre todo revolucionario acaba aceptando una buena sopa reaccionaria

- La ingenuidad del antimilitarismo es no comprender que se puede matar sin odio.

- Lo importante no es pensar; es tener expresión de pensador

- Conozco personas que pensaban tener el activismo del Che y la filosofía de Marx y tenían apenas el asma del Che y los furúnculos de Marx.

- Hay personas que tienen una manera en extremo desagradable de no decir las cosas.

- El pie de atleta es una enfermedad fácilmente curable. El cerebro de atleta no tiene cura

- En política, lo que te dicen nunca es tan importante como lo que oíste sin querer.

- Quien vive de esperanzas muere muy flaco

- “Buenos días”, dice la autocrítica, “vine a presentarte a ti mismo contigo mismo”

- ¿Por qué nunca ningún país erigió un monumento autocrítico, el Arco de la Derrota?

- Soy la plaga que ayudó a destruir el árbol genealógico de la familia.

- Hacía como el avestruz: para no tener conocimiento de la realidad metía la cabeza en el televisor.

- Cuando sean comunes los vaijes interplanetarios, lo difícil será descubrir a qué planeta fueron a parar nuestras maletas.

- Cuando se habla de bancos y robos, pregunto de inmediato: ¿de afuera para adentro o de adentro para afuera?

- En el principio era el dolor, la angustia, el sufrimiento. Después la cosa fue empeorando.

- La belleza es la inteligencia a flor de piel.

- El amanecer es el precio que paga el bohemio por vivir en el sistema solar.

- El camello es un animal que, después de permanecer varios días sin comer ni beber, consigue pasar por el ojo de una aguja y entrar fácilmente en el reino de los cielos (Falsa cultura).

- A los trece años, con un par de senos nuevos, ella comprendió que su cuerpo ya no cabía en la moral de sus padres.

- Cuando un baterista muere debe hacerse un minuto de ruido.

- La tontería del comediante se ve cuando quien ríe de último está sentado en la primera fila.

- El gobierno afirma que no hay miseria en Brasil; ése es un complot de las imágenes de la televisión amangualadas con los editoriales de los periódicos y con unos ciencuenta millones de personas hambrientas y agresivas que vagabundean por las calles.

- No entiendo por qué persiguen a los comunistas. ¿Acaso la Constitución no permite la libertad de cultos?

- Confesión es aquello que el criminal hace espontáneamente después de unas horas de paliza.

- Consuélate amigo: el sol da todo ese espectáculo al comenzar el día y la mayor parte de la platea continúa durmiendo.

- Estás borracho cuando empiezas a sentir solidaridad y no consigues pronunciar esa palabra.

- Ciertos crepúsculos, se nota con facilidad, quieren ingresar a la Academia de Bellas Artes.

- Es como decía el hijo de la bella actriz: “Nací en 1964, dos años después de mi madre”.

- El delator se gana el pan con el sudor de su dedo.

- La democracia es la creencia en que una multitud de idiotas juntos puede resolver problemas mejor que un cretino solo.

- La democracia comienza a la hora de votar. Y termina a la hora de contar.

- El que nace para ahogado nunca llega a nadador.

- Un político: “Con verdadera indignación y no menos alboroto vi que la prensa publicó exactamente lo que yo había dicho”.

- Hay tipos que dejan instrucciones detalladas sobre cómo debe ser su entierro. Yo no; quiero que mis amigos me den una sorpresa.

- Dios existe. Pero no trabaja full time.

- La diferencia entre el hombre y la mujer es ínfima, pero aumenta cuando los dos se aproximan.

- En la oscuridad de la plaza encontré a Diógenes buscando a un hombre. Una linterna en una mano, una Mágnum en la otra (Diógenes 1981)

- La belleza es superficial. La feúra no.

- ¿Por qué será que cuando marcamos mal un número nunca está ocupado?

- Mi epitafio: “No cuenten más conmigo”

- Podré no ser un buen ejemplo, pero soy un buen aviso.

- Ser pobre no es un crimen, pero ayuda a llegar hasta allí.

- Está probado: no existe intestino respetable.

- Misterios económicos: ¿cómo es que un padre, pobre, cansado, mal instruido, consigue mantener a cuatro o cinco hijos, y cuatro o cinco hijos, una vez criados y educados, no consiguen mantener a un padre?

- El primer requisito para ser un gran hombre es estar muerto.

- Inflación: donde comían dos no come ni uno.

- ¿Cuándo fue que los jóvenes empezaron a ser tan tontos e inmorales? ¿No fue cuando cumpliste cuarenta años?

- Todos los días, por la mañana, abro la ventana, miro al mundo con supremo desdén y comienzo a contar: “10 – 9 – 8 – 7 – 6 – 5 – 4 – 3 – 2…”. Un día acertaré.

- El actor en decadencia me decía que, a estas alturas de la vida, acepta hasta un papel higiénico.

- ¿Por qué será que vine al mundo para sentarme en la última fila detrás de esta columna?

- Las ideologías son insaciables: cada vez exigen más sacrificios humanos.

- Y pensar que fueron necesarios millones de años de evolución de la especie para hacer un animador de televisión.

- De indignidad en indignidad uno acaba de alto dignatario.

- Soy del tiempo en que el sexo era hecho a mano.

- Las esposas que leen con demasiado interés detalles de crímenes pasionales corren el serio riesgo de quedar viudas.

- Responda de prisa: ¿Cuándo un médico muere, la tasa de mortalidad del país aumenta o disminuye?

- La puntualidad es una larga soledad

- Tan mediocre que ni siquiera el día de su propio entierro consiguió ser el centro de atracción.

- Se llama monogamia a la capacidad de ser infiel a la misma persona toda la vida.

- Desde los portugueses, siempre fue así: llamar al Cabo de las Tormentas, Cabo de Buena Esperanza y asunto arreglado.

- La telenovela era tan mala que la estrellita joven le preguntó a la vieja: “Marcia, por favor, ¿a quién se lo tengo que dar para salir de esta mierda?”

- ¿Y después de todo eso que hacen en público, también se van para la cama?

- El ajedrez es un juego que desarrolla la inteligencia… para jugar ajedrez.

- La piedra, que sobre el papel es incapaz de dibujar una línea recta, en el agua dibuja círculos perfectos.


3 jun 2011

¡Help!

Help! I need somebody
help! Not just anybody
help! You know I need someone
¡HELP!